Viernes, 24 de Mayo de 2019
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26.12 | + DEPORTES El deporte de Olavarría disfruta de cuatro figuras del nivel internacional

Las mamás de los cracks

Claudia es la mamá de Agustín Vernice, Silvia de Pedrito De la Vega, Sandra de Fede Chingotto y Virginia de Facu García. Intimidades de la vida y los sueños de estos fenómenos que, rondando los 20 años, han marcado la historia.

Daniel Lovano / [email protected]

Fotos: Carlos Ramírez

Claudia cuenta que Agustín viene y se desvive por comer los canelones que tanto le gustan, sin nada de frito, por supuesto; Virginia concede tanto caprichos en la mesa que Facu a veces pide que pare la mano, porque teme problemas con la balanza en cada regreso de las vacaciones.

Sandra tiene siempre a mano para Fede el preparado de frutas para levantarlo de la cama, acá o cuando lo visita en Europa, y Silvia revela que está pendiente de las inquietudes adolescentes de Pedrito, capaz de mandarle un Whatsapp a las 4 de la mañana para preguntar las mismas cosas que podría preguntar un chico de su edad.
Se va 2018 y en su estela deja una sucesión de hechos que han conmovido como pocas veces en la historia al deporte olavarriense. Cuatro pibes que hicieron mucho, y no hay dimensión para proyectar lo que pueden hacer.


Facu García debutó en la primera de Olimpo, se puso la camiseta argentina en los Juegos Odesur y fue transferido a Europa con apenas 18 años.

Algunos meses más tarde -nada que extrañe-, Agustín Vernice corrió la Copa del Mundo, el Mundial Senior, se colgó tres medallas doradas en los Panamericanos de canotaje y apuntaló su sueño de estar en los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Nadie podía creer lo que veían sus ojos cuando en septiembre la carita angelical de Pedrito De la Vega escondía a un demonio para los defensores rivales. Un aparición para el fútbol argentino que no se daba desde... (con sólo pensar algún antecedente, asusta).


Y como coralario, el fantástico cierre de Fede Chingotto en un año difícil en el World Pádel Tour.

Sus hijos son figuras del deporte de Olavarría, con proyección internacional. Facu y Pedro llegaron cuartos de cuatro hermanos, Agustín tercero de tres, Fede es hijo único. "Hay que perfeccionar chicas. A ella (Sandra) le salió de una, a nosotras tres no nos fue tan fácil como a vos, nos dio más trabajo" bromeó Silvia, por si hacía falta algo como para romper el hielo.

Sobre el agua, en la cancha o dentro de la jaula de cristal, los vieron mucho antes.

Facundo se crió a pocas cuadras de Embajadores y llegó a jugar con Pedro De la Vega en Ferro. "Cambiaron los horarios, yo no lo podía llevar, el padre tampoco y como Embajadores estaba más cerca empezó a ir ahí. Siempre, de chiquito, decía que iba a ser jugador profesional ", contó Virginia.

Silvia habló de cuando le tocaba "llevarlo y traerlo a todos lados". Pedrito salía de la Escuela Normal, con sus compañeros subían las mochilas, tomaban la merienda, se cambiaban arriba de la camioneta carrozada de su mamá y se iban para Ferro. Aquellos nenes, siguen siendo hoy amigos de las estrella que amanece en el fútbol argentino.

"Siempre me llamó la atención que, pese a que se destacó desde muy chiquito, Pedro nunca generó envidia en sus compañeros" reveló su mamá.


Claudia hace rato que perdonó la mentirita de Agustín. "Se gastaba la plata alquilando los botes, y él decía que se le iba en la merienda, porque yo le tengo terror al agua y me parecía que se le iba a dar vuelta y se iba a ahogar. Lo vi darse vuelta muchas veces, pero después de saber que no se podía ahogar" relató.

"Igual, al padre se lo tuvo que ocultar un tiempito más, porque Agustín sobresalía en el rugby y era del deporte de su papá. Además, decir canotaje... no era ni conocido el nombre para nosotros. Ahora, cuando lo ve ganar, el papá llora" relató.

"¿Y quién no llora?" interrumpió Virgina.

"El llanto que más recuerdo fue la primera vez que salió campeón Mundial, en España, con Gonza Salías. Yo estaba ahí" respondió Sandra.

"Cuando ganó el Mundial lloré como nunca. Lástima que no pudimos ir. Lo hemos acompañado a casi todos lados, pero a Rumania me daba cosa. No conseguí a nadie que me acompañara y sola no me animé. Mi hijo del medio, Guido, me dijo 'mamá, te vas a arrepentir'. Dicho y hecho. Y cuando ganó fue el llanto más sentido, de alegría y también de arrepentimiento" confesó Claudia.

"A mí me conmovieron dos cosas. La selección y cuando me llamó para decirme que iba a debutar en la primera de Olimpo. Una vez, con 4 años, nos dijo 'yo cuando sea grande voy a jugar en el fútbol de Buenos Aires'. Era su sueño. Igual, yo soy muy llorona, pero trato de aguantarme, sobre todo cuando se va" contó Virginia.

"Con Pedro lloré mucho mucho el primer partido; al otro día lo veía durmiendo con una paz en su cama y no lo podía creer. También el día que jugaron con River y su llanto apareció en la pantalla, porque yo estaba atrás del banco de suplentes y no me había percatado. Después me mostraron, y salí con una cara..." se sumó Silvia.

Cuando los van a ver se portan bien, porque están amenazadas.

"En mi casa son todos súper futboleros; la única que no es futbolera soy yo. Tengo experiencia, puedo opinar, pero todos me miran como diciendo 'mirá lo que dice mamá'. Y Pedro es el peor, me hace bulling todo el tiempo" disparó Silvia.

Chicos que reman bien hay un montón, que son amigos de una pelota ni hablar, que saben volear en la red muchos.


Ahora... qué hizo del rubiecito que la descosía en la escuelita de Ferro, del morochito que le pegaba con un caño en la cancha de Embajadores, del pibe que sólo aspiraba a ser con su bote más rápido que el carreteo de los patos en el arroyo Tapalqué, y del nene que se corría todo en la escuelita de José Armendano deportistas de elite con más o menos 20 años.

"Tienen una estrellita desde muy chicos, se les ve" dijo Silvia, con brillo en los ojos.

"Facu siempre fue muy centrado. Por más cosas buenas o malas que le dijeran, él tenía un objetivo claro en su vida, ser profesional, y no paró hasta conseguirlo. Hoy es muy maduro y la gente que lo trata piensa que tiene 22, 23 años y no 19 (cumplidos hace una semana)" mencionó Virgina.

"Ellos tienen metas claras. Entre la variedad de propuestas que tienen los adolescentes, encontraron algo que les interesó y trabajaron por y para eso. Postergan muchas cosas, se van muy chicos, y creo que es un prueba de fuego irse de la casa tan jovencitos. Si se quiebran se vuelven, y ser termina la meta" analizó Claudia.

Silvia y Sandra explicaron cómo pudieron aprovechar la distancia, a pesar de dolor inicial.


"Nunca imaginé que iba a ser tan doloroso cuando se fue. Se me desgarraban las tripas; no podía pasar por la escuela, veía a los chicos en el parque y me hacía mal. Pero enseguida cambiamos nuestra vida; hace 4 años que todos los fines de semana vamos a Buenos Aires, y lo aprendimos a disfrutar mucho más que a cualquier adolescente. Vamos al cine, compartimos los momentos libres, salimos a con él, y todas la noche me llame para decirme 'má, te amo'. Ahora me doy cuenta de que conozco más a él, que se fue tan chiquito, que a los otros tres, que se fueron cuando se tenían que ir" contó la mamá de Pedro

"Sufrí mucho cuando viajó para hacer su carrera en Europa. Hoy Fede me llama todas las noches desde allá, y me dice 'me voy a dormir, te quiero mucho'. Si estuviera acá no me diría nada" agregó la mamá de Fede.

La pantalla es casi un tormento para las cuatro. Silvia se acalambra los cuádriceps cuando tiene que ver a Pedro por tele; Sandra, Virginia y Claudia maldicen cuando aparece ese circulito que empieza a dar vueltas en las transmisiones por Streaming.

Pero... ser padres de un crack tan joven implica también una carga de mucha responsabilidad. "Con Lisardo somos los que menos disfrutamos de todo lo que pasó con Pedro, porque estábamos muy preocupados con la exposición. Pedro todo el tiempo dice 'ay mamá, ya se les va a pasar'. Se nos vino un mundo encima de responsabilidad, de preocupación frente a tanta exposición y al mundillo de fútbol que se te viene encima".

Lo de Sandra es parecido, pero por otra cuestión: la lejanía. "A veces me reprocho no disfrutar más de lo que le pasa a Fede. Sufro cuando se va, estoy pendiente de otras cosas. Fue a la psicóloga, hice yoga. Un día me hizo un click la cabeza cuando la psicóloga me dijo 'cortala, porque te hago internar'. Fede lo mismo, me dice 'mamá, estoy donde quiero estar y luchamos toda la vida para esto'. Hay cosas de las que Fede recién se entera ahora" manifestó.

"Cuando un hijo aparece en los grandes medios es un orgullo muy grande, pero una tiene ese miedo también cuando la fama llega tan de golpe. Pero lo importante es la cabeza que tengan. Así como la tuvieron para llegar adonde están, la deben tener para conservar la calma ante estas cosas y mantener la idea de quiénes son y de dónde vienen" opinó Claudia.

Sienten el impacto de estos cuatro chiquilines en cosas cotidianas, y se emocionan.

Cómo imaginar la sensación de Silvia y Lisardo cuando hace un par de días pasaron por una canchita de baby en Lanús y vieron a los nenes con la camiseta 39. Y auto relatándose 'lleva la pelota Pedro De la Vega...'.

Agustín se lo contó, pero qué hubiese sentido Claudia al ver los nenes que se acercaban para pedirle una foto en plenos Juegos Olímpicos de la Juventud. O más acá, el que le preguntó 'vos sos Vernice' en un estacionamiento, durante el Argentino de Río Santiago, y ante la respuesta se largó a llorar.

Sandra sí sabe lo que siente la novia de Fede cuando ahora lo paran en las calles de Olavarría para felicitarlo o perdirle una foto. "En España lo vi muchas veces, porque allá el pádel es muy popular, en el aeropuerto de Barajas también, pero acá recién lo estamos viendo estos meses" comentó.

"Para Facu es más complicado, porque en Chipre no entiende nada", bromeó Virgina.

Son contemporáneos. Aislados, cualquiera de los cuatro tendría potencial como para instalarse entre los mejores en la historia del deporte olavarriense. Son un regalo para la Ciudad al mismo tiempo. Ellas seguirán pendientes de sus carreras de un modo distinto a todos los demás.

El gran sueño de Claudia es preparar los mismos canelones que reclama su hijo cada vez que regresa a casa, pero en Tokio; el de Sandra llevarle a la cama las frutas picaditas después de ganarle a Belasteguín y colgarse la corona de número uno del mundo.

La ilusión de Virginia pasa por servir la mesa y esperar el asado mientras Facu regresa de su primer partido en la Liga de España; Silvia seguirá pendiente del teléfono aunque Pedrito ya no sea un adolescente y, más temprano que tarde, un día tocará la pantalla y algún gigante de Europa estará del otro lado de la línea.