Miércoles, 1 de Diciembre de 2021

31.07 Agustín Vernice en Clarín.com

Del gimnasio improvisado en Olavarría a la ansiedad por el estreno olímpico en Tokio

Este domingo competirá en la prueba K1 1000 de canotaje. Historia de una preparación extra large al compás del coronavirus.

Agustín Vernice tenía un pasaje con destino a Portugal para el 18 de abril de 2020. Allí, iba a prepararse para unos Juegos Olímpicos que el coronavirus frenó.

Entonces, cuando el presidente Alberto Fernández ordenó la cuarentena estricta el 20 de marzo, armó el bolso, el palista dejó la casa que compartía con el equipo argentino de canotaje en Tigre y se volvió a Olavarría.

Allí, el campeón panamericano hace dos años se armó un mini gimnasio en una habitación y disfrutó de su familia; también reorganizó su preparación para sus primeros Juegos Olímpicos, esa que finalmente terminó con tres meses en Portugal antes de viajar a Japón, donde aguarda por su debut.

"Pasaron casi dos años desde mi clasificación (NdR: en el Campeonato Mundial de Hungría de agosto de 2019). Creo que cambiaron muchas cosas pero lo esencial no cambió, que es el deseo de ir por más y cada día ser mejor. Sigo viendo de la misma manera el deporte y en todo este tiempo traté de seguir aprendiendo lo máximo posible. Espero estar más preparado aún", expresa sobre lo que ocurrirá el domingo a las 22.21 de Argentina, cuando se ponga en marcha la prueba K1 1000 de canotaje.

"A nivel deportivo todavía no tuve un compromiso como el Campeonato del Mundo o los Juegos de Lima como para poder compararme para ver dónde estoy parado hoy con respecto al 2019, pero sí he trabajado muchísimo. Sobre todo en la recta final a Tokio hemos realizado entrenamientos que han sido mejores que otros años y eso también genera expectativa, por supuesto. Pero no me quiero anticipar previo a la competencia", aclara.

La planificación de Vernice y Diego Cánepa, el Director Técnico Nacional de la selección de canotaje, había comenzado con concentraciones de tres semanas por una de descanso en noviembre de 2019. Más allá del parate por las Fiestas, no tenía prevista ninguna pausa.

Pero lo inesperado ocurrió y el palista de 26 años pasó de los 2.014 metros de altura de Tafí del Valle al patio y la pequeña habitación de la casa familiar de Olavarría, donde puso el ergómetro (el simulador de remo) y material de entrenamiento cedido por el Club Estudiantes. "Debe haber 50 metros de fondo. Es lo bueno de vivir en una ciudad chica: las casas tienen patio", bromea.

"Me cuesta pensar en qué me perjudicó -piensa al ser consultado por la postergación de Tokio 2020-. No lo sé porque no competí. Traté de tomarlo de la mejor manera y decir: 'Tengo un año más de trabajo'.".

Entonces, profundiza: "Si me pongo a pensar, me pudo haber perjudicado el hecho de estar lejos y perder continuidad en competencias internacionales, porque en octubre y noviembre de 2020 se realizaron y nosotros no fuimos. Por ahí ya lo pagué un poco en la primera competencia internacional que tuve, que me costó entrar en ritmo. Pero trabajé muy duro y me entrené muy bien, tuve buena compañía de entrenamiento cuando volvimos con el seleccionado nacional. No lo he pensado demasiado porque prefiero competir primero y ver cómo sale todo, y después hacer un análisis".

El 3 de julio pasado, los 26 años lo encontraron lejos de casa, entrenando en Aviz, pero el regalo lo recibirá en Japón, cuando tenga su bautismo olímpico.

"Tokio van a ser mis primeros Juegos, así que lo manejo con muchísima alegría, un poquito de ansiedad pero con la cabeza puesta en el día a día, en disfrutar el proceso", anticipa.

"Para mí los Juegos Olímpicos desde muy chico son el evento deportivo más importante, así que es un compromiso muy grande en el que quiero estar a la altura -confiesa-. Por eso mismo, a diario me esfuerzo al máximo. Sea cual sea el resultado, pienso en el momento de volver a casa y compartirlo con mis seres queridos y disfrutar de ellos".

El rol social del canotaje

Así como Sabrina Ameghino, la campeona panamericana del K1 200 en los Juegos de Lima, es instructora de la escuela municipal en el Club Naútico Ensenada, donde tiene 45 alumnos, entre ellos su hija Vera, Agustín Vernice tiene un rol especial en el Club Estudiantes de Olavarría.

"Más allá de las marcas, a uno lo motiva que más chicos practiquen el deporte, que estén menos en la calle y más en un club. Por eso, me enorgullece un montón cuando veo en Olavarría que nenes se acercan al club porque vieron algo del deporte en el diario. Un sponsor es muy importante, pero por otras cosas sería bueno darle visibilidad al deporte", profundiza.

Y agrega: "El deporte en la sociedad es súper importante y hay que incentivar a los chicos a que lo practiquen, sea cual sea. No incentivo a que un nene comience en el canotaje porque a mí me gusta, pero sí que si ese nene tiene ganas de ir a remar, poder darle las herramientas necesarias para que lo haga las veces que quiera y encuentre contención y un grupo de amigos".

Vinculado a la Comisión Directiva de Estudiantes de Olavarría, Vernice dice que aporta con todo lo que pueda, "desde una charla a una camiseta". "Trato de estar presente: hacer lo que cuando era chico me gustaba que hicieran los más grandes", comparte.

"Es una linda manera de salir del egoísmo que genera estar todo el tiempo entrenándose en el alto rendimiento, que es muy individualista y te hace estar con la cabeza en uno mismo, en una rutina de descansar, comer bien y entrenar -analiza-. Cuando tenés la posibilidad de compartir una experiencia y ver que a los demás les interesa, te enorgullece un montón. Por eso, ojalá que más gente conozca el canotaje y nosotros poder incentivarlo con un buen rendimiento en los Juegos Olímpicos". (Clarín)