Domingo, 24 de Octubre de 2021

13.09 | Nac. e Int. Básquetbol

Una quijotada hecha realidad

Olavarría había sido el epicentro del deporte nacional en varias oportunidades, pero nunca hasta ese entonces por el juego de la naranja y los aros.

A principios de los 90', Estudiantes de Olavarría nadaba en las aguas del viejo Torneo Nacional de Ascenso (TNA) entre peces gordos de la historia de la Liga de Básquetbol como San Andrés, Libertad, Echagüe, Ben Hur y Obras, entre otros. Precisamente ante el "Tachero" fue que el conjunto albinegro disputó la final de la temporada 1995/96, que terminó con victoria por 3 a 1 para el elenco de Núñez.

"Compremos la plaza de Luz y Fuerza de Posadas. Podemos trascender en la Liga Nacional si trabajamos seriamente". Esta frase, que pertenece a Heriberto Schonwies, ex entrenador de Estudiantes de Olavarría, sólo había encontrado un adepto inmediato en el dirigente Daniel Trapani allá por 1996 para empezar a competir con los mejores.

Olavarría había sido el epicentro del deporte nacional en varias oportunidades, pero nunca hasta ese entonces por culpa del básquetbol. Los hermanos Emiliozzi en el automovilismo en la década del 60' y el club Loma Negra en la primera división de fútbol en los '80 fueron los protagonistas de diferentes gestas, pero a la naranja todavía le faltaba un poco más y el destino lo tenía guardado para el cierre del siglo XX y la llegada del XXI.

Pese al frente de tormenta que generó y las deudas que implicaba ese proyecto, pudieron más las convicciones y la insistencia; y aquel deseo comenzó a gestarse el 13 de septiembre de 1996. Cuatro años más tarde, la quijotada se hizo realidad. Las redes (esos particulares trofeos basquetbolísticos) el 25 de mayo del 2000 colgaron de los cuellos de sus jugadores y la primera copa brilló en sus manos.

El equipo de la ciudad del cemento, pequeño y austero por entonces, pegó el estirón. Estudiantes de Olavarría, campeón. Las siete mil personas que llenaron como nunca el Parque Guerrero (las entradas se vendieron en apenas dos días), más los espectadores que siguieron por el cable local la transmisión en directo de la finalísima, vibraron, sufrieron y veneraron a un equipo que mostró tres pilares fundamentales durante la temporada: tremenda solidez como local, capacidad de reacción y hambre de gloria. Esos tres puntos fueron decisivos a la hora de enfrentar al poderoso Atenas de Córdoba.